TALLER COMPENSACIÓN EDUCATIVA

El pasado mes de febrero en Sevilla, personas que componen la Junta Directiva, las suplentes y las presidencias de las federaciones se formaron en Sevilla en relación a la compensatoria.

Esta formación corrió a cargo de Diego Castro Oneto, director de la Comunidad de Aprendizaje del CEIP Maestra Caridad Ruiz de la Algaida en Sanlúcar de Barrameda, Cádiz.

Con la ponencia impartida se nos demostró cómo una comunidad educativa (alumnado, profesorado y familias) es capaz de transformar personas y contextos con el fin de ofrecer una educación de calidad y no condicionada por el entorno.

La Comunidad de Aprendizaje se basa en el aprendizaje dialógico, está avalada por la comunidad científica internacional y es una apuesta por un modelo educativo que pertenece a la sociedad de la información en la que vivimos. Pieza clave de la respuesta educativa es el plan de compensación educativa incidiendo en la mayor población posible (alumnado, profesorado, familia y entorno) y haciendo de este plan de compensación educativa el eje vertebrador de todos los planes y programas que se desarrollan en el centro.

Los principios de éxito escolar para todo el alumnado, solidaridad, altas expectativas, participación de la comunidad y formación de toda la Comunidad, son la base de la comunidad de aprendizaje. Es por ello que, como punto de partida y pilar fundamental, la participación y la inclusión llevan a la mejora del aprendizaje y, con ello, al éxito escolar.

Tras analizar los tipos de participación, se toman como base la participación evaluativa y la formativa de la que participan toda la comunidad educativa. Para ello se utiliza lo que el ponente llama “trípode de la participación: querer participar, saber participar y poder participar.

Pero también hay dificultades, y frases como “No tengo tiempo. Yo no entiendo esos temas, que lo hagan los profesores que para eso cobran. A los profesores no les interesa que participemos, piensan que les vamos a controlar. El Equipo Directivo corta las iniciativas de los padres” en el entorno de las familias, y en el profesorado nos encontramos con “Los maestros/as pensamos que lo único que les interesan a los padres es dejar a los hijos/as en el centro como si fuera una guardería. Las familias no tienen ningún interés por participar. Dinamizar la participación de las familias no está en mis funciones. Los padres/madres lo único que quieren es espiarnos, fiscalizar nuestro trabajo. Las familias no entienden… No queremos que extraños vengan a dirigir el centro”…..

Pero los beneficios que aporta la participación están demostrados científicamente: En el alumnado: “Actitudes más favorables hacia las tareas escolares. Conductas más adaptativas, mayor autoestima. El alumnado realiza los deberes. Se reducen los problemas de abandono escolar. Se mejoran los resultados escolares. Se reducen los problemas de conductas.

En el profesorado: Las madres y los padres valoran mucho más su labor docente. Mayor satisfacción por su profesión, fruto de que se ven los avances de todo el alumnado. Rompe con la rutina de muchísimos años. Cambia la perspectiva hacia las familias”. Y, en las familias “Se incrementa el sentido de pertinencia y autoeficacia. Valoran más su papel en la educación de sus hijas e hijos. Mejora la comunicación con sus hijas e hijos. Aumenta la comprensión hacia la escuela. Mayor motivación por aumentar su formación”.

Es así como llegamos a una escuela inclusiva cuyas características básicas son: escuela como comunidad, diversidad como recurso y riqueza, trabajo colaborativo del profesorado, curriculum común, altas expectativas y apoyos dentro del aula ordinaria. Para ello, las aulas deben ser heterogéneas al igual que ocurre en la vida real.

Pero la inclusión en el aula ordinaria no consiste simplemente en el emplazamiento en el mismo espacio físico del alumnado diferente; la inclusión va más allá, puesto que ésta se consigue cuando todo el alumnado es aceptado en condiciones de igualdad y es considerado en la comunidad escolar como miembro de pleno derecho, cuando se desarrolla un sentimiento de pertenencia a un mismo grupo, un compañerismo, que no depende sólo de estar juntos sino de compartir y participar y hacer cosas juntos (Janson, 2001)

Los beneficios que aporta la escuela inclusiva son: Crea conciencia social, responde a todo tipo de alumnas y alumnos sin exclusión alguna. Inicia a todas las niñas y los niños en las prácticas democráticas. Resalta el éxito, fomentando la autoestima y aumentando la motivación. Mejora también la relación entre iguales a través de la solidaridad, la cooperación y la empatía. Aumenta el rendimiento de todo el alumnado. Mueve al profesorado y al centro a incorporarse a otras innovaciones pedagógicas. Surge una mayor sensibilidad y colaboración de todos los miembros de la comunidad educativa (profesorado – alumnado – familias). El éxito de la inclusión depende de que todos los recursos se den dentro del aula, del aprendizaje dialógico, de los grupos interactivos, de la entrada de personas voluntarias en el aula (familias, profesorado, otras personas voluntarias…)

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